Cornada socialcomunista al mundo del toro

La Unión de Toreros y otros colectivos del mundo de los toros, como la Fundación Toro de Lidia o la Unión Nacional de Picadores y Banderilleros, llevan meses denunciando al Gobierno porque sus solicitudes de prestación, en sus distintas categorías, «están siendo sistemáticamente desestimadas» por el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), pese a que el Real Decreto Ley 17/2020, de 5 de mayo, establece una prestación extraordinaria por desempleo a «aquellos trabajadores que, como consecuencia de la crisis sanitaria derivada del Covid-19, no puedan continuar realizando la actividad laboral que dio lugar a su inclusión en el Régimen General como artistas en espectáculos públicos». Dicho de otro modo: han cotizado a la Seguridad Social y, sin embargo, parece que el Gobierno socialcomunista ha decidido, por estrictos motivos de sectarismo ideológico, excluirlos de las prestaciones.

Se entiende la indignación de un colectivo al que se le prometió igualdad de trato con respecto al resto de trabajadores e industrias del sector cultural, pero que, a la hora de la verdad, está siendo víctima de un intolerable agravio comparativo. A nadie se le oculta que detrás de la exclusión se esconden motivos ideológicos por parte de una izquierda intolerante y reaccionaria que ha puesto en la diana al mundo del toro. La reacción de los afectados contra el director del SEPE de Sevilla -entraron en su despacho al grito «¡del toreo es cultura!» por denegarles ayudas por cese de actividad- es comprensible.

La tensión vivida es reflejo de esa discriminación injustificada de la que están siendo víctima los trabajadores del mundo taurino. Trabajadores, sí, y con los mismos derechos que el resto. Trabajadores que han cotizado y merecen igualdad de trato. Lo que está haciendo el Ejecutivo socialcomunista es condenar a la miseria al mundo del toro, que aporta a las arcas públicas enormes cantidades de dinero en concepto de IVA, cánones de explotación de plazas y cotizaciones sociales, y que es el segundo espectáculo de masas sólo por detrás del fútbol.

Pagan como los que más y, a cambio, no reciben más que el desprecio de un Gobierno que rezuma sectarismo.

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